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| Artículos en línea - Jaime Yockteng: Relato de un trip casi trágico |
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Salimos de Salinas - Ecuador, con mi hijo Jaime Darío (14) un domingo de madrugada, llegamos a Máncora pasado el medio día, el mar estaba pequeño. En la mañana siguiente, nos metimos al agua muy temprano, el mar comenzaba a crecer. Hacíamos tiempo para que llegasen mis sobrinos Eliseo (29) y Toño (28) que venían de Lima. Llegaron algo retrazados, como a las 9 a.m. y de inmediato nos fuimos a Lobitos, que estaba entre 1.50 y over head, muy divertido, algo de gente pero olas para todos...
Luego, por la tarde nos dirigimos a Piura, para hacer cosas de trabajo y preparar el viaje a Bayóvar al día siguiente. Hay que sacar un permiso especial para entrar al lugar. El tercer día del viaje, llegamos al sitio a eso de las 11 a.m., mi sorpresa fue ver a muchas embarcaciones pesqueras en la zona, donde antes estaba prohibido pescar, así también un par de asentamientos rústicos (peligrosos) que me dio desconfianza ya que era similar a Puerto Rico, cerca de Parachique, donde se esconden peligrosos criminales en un sitio donde nadie los busca... en fin, pasamos por algunas puntas y se veían olas pequeñas pero perfectas, llegando a Nonura cuando bajaba la marea.
El sitio es un paraíso, una playita con arena rodeada de filosos acantilados. Las olas desde la orilla se veían medianas pero bien formadas, se observada además, dos secciones bien delimitadas. Nos preparamos para entrar al agua luego de instalar el campamento, le sugerí a mi hijo que esperase a que conociéramos mejor el sitio y que filme desde la orilla, pero... fue el primero en meterse al agua. Agarró una de las primeras olas, que fue una de las mejores en su vida, 1.50 tubular muy rápida y la hizo muy bien, acto seguido todos agarrábamos muy buenas olas y de vez en cuando nos ganábamos con alguna over head... Cuando la hipotermia hacía su aparición, estábamos preocupados por donde salir ya que el acceso a la playita era casi imposible porque la corriente era muy fuerte, fue en ese momento que el viento se puso muy intenso y entraron olas de más de dos y medio a tres metros, perfectas. La primera de la serie lo agarró a J.D. y lo votó hacia la segunda sección, donde se forma la campana frente al acantilado. Eliseo agarró la segunda de la serie y yo la tercera, que fue increíblemente buena - que me hizo recordar Indonesia -, al salirme por la segunda sección observé que mi hijo estaba en un lugar peligroso. Me quedé en el sitio y la siguiente ola que me reventó adelante, era una de más de dos metros, super tubular donde entraba un "volkswagen" y aunque no lo crean, era tan perfecta que votó dos "chisguetazos" (sprays) uno después del otro, increíble... bueno, esa ola me hizo "añicos", me sacó desde abajo para hundirme nuevamente, mi cabeza chocó con el fondo, pero por suerte en una zona de arena. J.D. no tuvo la misma suerte, esa ola lo "empotró" contra las rocas del acantilado, donde se forman unos remolinos con bastante corriente. Fui a socorrerlo pero ya estaba lesionado, le vi la mitad del rostro cubierto de sangre, confundido por el golpe entró en "shock", asustándose aún más cuando se pasó la mano por la cara y vió tanta sangre... el peligro no había pasado aún. La siguiente ola me votó hacia las rocas pero pude colocarme de tal forma que mis pies rebotaron contra una roca, mi tabla no tuvo tanta suerte y se le hizo un gran agujero, tuve que nadar para salir del remolino a favor de la corriente, ésta me arrastró en escasos segundos, más de 20 metros de mi hijo, a quien vi en muy malas condiciones, tuve que gritarle con severidad para que reaccione y así lo hizo pudiendo salir del remolino.
Una vez que lo agarré, vi en su pierna derecha un tremendo hueco donde se veía algo blanco, en primera instancia pensé -un hueso roto con salida-, pero había sido la grasa blanca que protege al músculo. De todas formas era un hueco de más de 10 cms. votando sangre (comprobamos de esta forma, que no habían tiburones por el área). Hice que reaccione y buscamos un lugar por donde salir, esperé unas olitas y lo mandé en una de estas, por el medio de dos peñas hasta la playa de piedras, una vez fuera del agua comencé los Primeros Auxilios para estabilizarlo, me faltaron manos, ya que tenía tres aberturas; una en la frente izquierda y dos en la pierna derecha. Llegaron mis sobrinos y me ayudaron, estábamos como a medio km. del campamento, mandé a uno de ellos por el botiquín, mientras tanto intentábamos parar las hemorragias. Una vez que vino con el botiquín paramos el sangrado, desinfectando lo mejor que pude. Teníamos a nuestras espaldas, una duna de unos treinta metros que teníamos que subir con un ángulo muy dificultoso. Con uno de mis sobrinos corrimos hacia la camioneta para llegar lo más cerca posible hasta donde estaba el accidentado, levantamos el campamento velozmente y nos dispusimos a salir del desierto. Durante todo el camino había que hacer presión en la herida de la pierna para que no perdiese más sangre, pero no hubo necesidad de torniquete.
Mi temor en ese momento era quedarme arenado, ya que una de las bajadas para llegar a la playa era muy empinada y con arena suelta, intenté tomar otra ruta pero ésta se perdió en una quebrada. Regresamos por donde bajamos y al estar frente a la subida, me concentré lo mejor que pude para salir, puse doble alta y pudimos subir en primera. Realmente la camioneta pasó la peor prueba de fuego para una doble transmisión.
Llegamos a Sechura como a eso de las 4:30 p.m., a Emergencia, saliendo recién como a las 20:30 hrs. después de 14 puntos en la pierna. Por suerte el golpe en la cabeza no necesitó puntos y en ningún momento dejamos que perdiera el conocimiento ni que se durmiera. Luego nos dirigimos a Piura por cualquier complicación que se pudiera presentar, menos mal que no las tuvo, aunque hicimos las coordinaciones del caso con una clínica del lugar. No tuvo visión de embudo, ni nauseas ni mareos..., sólo dolor, pero pasó bien la noche.
A la mañana siguiente emprendimos el viaje de regreso, aunque paramos en Lobitos, que estaba muy bonito pero pequeño, aún así, nos metimos al agua y nos divertimos con olas perfectas y tubos larguísimos. J.D. estaba estable, nos filmó pero tenía mucha pena por no surfear y por lo que había pasado. Me convencieron de quedarnos acampando para correr algo a la mañana siguiente, así lo hicimos, y pasamos una noche placentera con una luna muy intensa y contando miles de historias al calor de la fogata, luego de una comida suculenta de frijoles con salchichas...
Esta es la historia de este viaje que quedará en el recuerdo, una tragedia que pudo suceder y la experiencia ganada marcó la enseñanza que nos dejó el trip. Algo digno de destacar, es la importancia de saber Primeros Auxilios, de no perder la calma en momentos extremos y actuar adecuadamente ante una situación de peligro. Me siento responsable por dejar que J.D. entrara al mar sin que antes hubiésemos experimentado la fuerza de las olas y las corrientes. A veces las apariencias engañan y eso fue lo que nos pasó. Espero que ésta anécdota sirva para advertir acerca de las reglas de juego que hay que tener cuando vas a una playa de alta dificultad por primera vez.
Ahora entiendo lo que unos argentinos escribieron sobre Nonura en el libro "Perú Surfing Travel Guide" donde textualmente dice "Unos días surfeando en el desierto de Bayóvar representan el sueño de cualquier surfer y compensa todo el viaje. Si se planea bien el viaje, en este lugar se pueden vivir momentos mágicos, inolvidables, perfectos e irrepetibles...", de todas maneras sugiero que viajen por lo menos en dos carros por lo que pudiera pasar y estar preparados para cualquier eventualidad.
Ya ha pasado un tiempo de esta aventura, que por suerte no fue la última, seguimos viajando buscando la ola perfecta en el momento perfecto, ese es el estilo de vida que nos hemos propuesto, y sugiero a quien piensa igual, preocuparse por conocer de Primeros Auxilios y reanimación cardiopulmonar (CPR), además de tener un botiquín y el equipo apropiado. Buenas olas!!!
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