Perú Azul
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recorriendo el amazonas con gabriel


" Navegando por el Amazonas "
(3ra. parte)
- El Aquiles -

A las 5 de la mañana me levantó el cuñado de Francisco, pronto llegaría el peque-peque para ir a Pevas, y la motonave "Aquiles" no tardaría en llegar, descargar, volver a cargar y salir rumbo a la frontera.

Así que sin más ya surcábamos el río Ampiyacu, la mañana estaba nublada pero con un poquito de sol, lo que le daba un carácter tenebroso, medio macabro al bosque cubierto por la bruma. Hacía también un poco de viento y al viento lo sentíamos mas bien frío, la Amazonía no es siempre el lugar caluroso que nosotros muchas veces imaginamos.

Mientras nos deslizábamos en el peque-peque podíamos divisar cada cierto tiempo a los indígenas huitoto pescando con sus redes cerca a las orillas. Los ríos, en julio, bajan su caudal; es la época de la abundancia, los bancos de peces no están dispersos y es mucho mas fácil pescar.

A mis espaldas podía escuchar la conversación entre los cuñados de Francisco, aunque no lograba entender una sóla palabra de lo que decían, la lengua huitoto usa ciertos sonidos semejantes a silbidos, como si los ruidos del bosque armonizaran perfectamente con los fonemas de su lengua.

El amanacer en la selva es siempre un renacimiento, un comenzar todo de nuevo, que se refleja también en el alma de las personas, o mas bien en las almas, porque en la selva no creen que la persona tenga una sino una multiplicidad de almas, en todo caso, en ese momento del día todas apuntan hacia la misma dirección y se sienten tranquilas.

La niebla hacía que pevas pareciera un pueblo fantasmal, pero pronto se despejó el cielo y pronto llegó también el "Aquiles". El "Aquiles" era una motonave un poco mas grande y cómoda que la "Mertila", todavía teníamos que esperar a que terminaran de cargar el pescado y los productos de los Israelitas del Nuevo Pacto. También estaba lleno de gente pero esta vez no había camarotes disponibles, así que no quedó mas remedio que colgar la hamaca y pasar la noche allí, no se dormía bien, pero se dormía algo.

De nuevo en el Amazonas, los pasajeros hablaban entre sí y yo conversaba con el patrón del "Aquiles". Había vivido en los Estados Unidos, al parecer tenía dos mujeres como buen navegante, una allá y otra acá (en la selva), obviamente se dedicaba al transporte de carga y de pasajeros entre Iquitos y Tabatinga / Leticia / Santa Rosa, la triple frontera brasileña, colombiana y peruana respectivamente.

Había muy poco espacio donde estar cómodamente, por un momento me senté encima de mi mochila apoyado en una de las barandas del "Aquiles", el río Amazonas se veía muy bonito a eso de las doce del día y el viento que soplaba por el río permitía olvidar a todos el calor que en realidad estaba haciendo.

Ya en Pevas había conocido antes de zarpar a un suizo y a un francés, ambos tenían entre 27 y 30 años. El suizo era jardinero y el francés estudiaba derecho internacional, llevaban viajando alrededor de siete meses. Habían comprado un aguardiente de no se qué calaña y lo mezclaron con una gaseosa con un sabor que se parecía al de la coca cola, pero en realidad qué cosa sería; a falta de algo mejor, que importaba.

Pronto ya no éramos sólo nosotros tres; 3 ó 4 personas más se nos habían unido alrededor de la botella de "no se qué aguardiente y no se qué gaseosa". Antes de llegar a Caballococha nos terminamos el licor, pero de hecho había quedado la alegría y posteriormente el sueño.

Me despertó el cocinero trayéndome el plato de frijoles con arroz del almuerzo. Según el patrón, el "Aquiles" era la motonave mas 'ficha' porque te traían el almuerzo adonde tú estuvieras y ja, ja, ja, se reía.

Ya estaba por ponerse el sol y la luz estaba perfecta para tomar algunas fotografías. Recuerdo haberle tomado una a la silueta de la cara de una mujer indígena que la sombra de su rostro dibujaba fielmente; la serenidad de su expresión y de su mirada parecían querer decir qué se siente vivir en la selva, al menos por un instante.

Gabriel Arriarán
gabrielarriaran@yahoo.com