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" Navegando por el Amazonas "
(1ra. parte) - Iquitos - |
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Menos de 500 dólares en el bolsillo, una mochila y una ilusión fue todo lo que necesite. El sueño era navegar el río Amazonas.
Habían pasado ya casi 2 años desde que la idea se me había ocurrido. Aquel jueves 14 de julio de 1999 no pude resistirlo más. Aquella mañana, con un pie en el avión que me llevaría a Iquitos, me sentía aterrorizado y cuando me despedí de mi mamá rompí en llanto. Pero ni hablar, no había camino de regreso de ninguna manera. El mismo día de mi llegada tuve la posibilidad de que un barco de La Marina, en misión protocolar hacia la frontera, me jalara, pero finalmente no se concretó.
Mientras tanto me quedaba en casa de un tío mio, y por la tarde, luego de mi recorrido llegué a la hora del almuerzo. Me moría de hambre y de sed. En casa de mi tío Enrique habían cocinado Tacacho, una bola hecha con yuca molida y cecina, riquísimo. Al día siguiente salí nuevamente a recorrer la ciudad, visité la Casa de Metal en la Plaza de Armas. Dicen que fue diseñada por la misma persona que diseñó la torre Eiffel en París, Gustavo Eiffel. Pero, ¿porqué diablos la hizo de metal?. A medio día dentro de la casa, que creo que hoy es un restaurant, hacía un calor insoportable. El paseo por el malecón me refresco un poquito. El municipio de la ciudad lo han restaurado por completo y ha quedado lindo. Casi todos los turistas que llegan a Iquitos pasan la mayor parte de la tarde y de la noche en ese lugar. Ese mismo día mi tío Enrique me presento a Javier Echevarría, un amigo suyo allá en Iquitos, que había vivido algún tiempo en Manaos y podía darme algunas direcciones y el nombre de algunos contactos suyos que podrían ayudarme cuando llegara a Brasil. Lo conocí en un grupo de meditación, es increíble la cantidad de sectas, movimientos religiosos y creencias que se pueden encontrar en la Amazonía peruana, es un fenómeno que se encuentra en constante ebullición y que puede ser percibido por doquier. Esa noche salí a pasear por el malecón mientras planeaba las actividades del día siguiente. Me levanté antes del amanecer para ver desde el malecón como salía el sol, el cielo aquella mañana era sencillamente espectacular. Mientras se viaja, el sentido que tenemos del tiempo cambia, ya difícilmente se puede recordar el día o la fecha. Pero felizmente escribí un diario y gracias a él puedo decir que aquel día era un sábado, y que eran como las cuatro de la tarde cuando llegué a Bellavista, el embarcadero en el río Nanay, y me hice amigo de un chiquillo de unos 10 ó 12 años y junto a su hermano paseamos en canoa por los lugares que el río Nanay había inundado. Fue increíble, sólo puedes escuchar el ruido que hacen los remos cuando tocan el agua y la bulla de los insectos en la selva.
Los últimos momentos que recuerdo haber pasado en Iquitos, sucedieron en Padrecocha, un pequeño caserío a orillas del Nanay, al lado del cual mi tío tiene un fundo. El fundo se encuentra dentro de un pedazo de tierra entre el Momón y el Nanay, y justo a través de él se ha formado una quebradita por la cual se comunican ambos ríos. Después de pasearnos por el lugar y bañarnos en la quebradita, el guardián del fundo nos ofreció un almuerzo: Chapu y Carachupa. El Chapu es una sopa espesa de plátano verde y la Carachupa es el nombre con el que llaman en la selva al armadillo, cuya carne resultó ser un tanto chiclosa pero bastante buena. Faltaba poco para continuar con la aventura, la motonave Mertila me esperaba la tarde siguiente para llevarme a Pevas. (CONTINUARA...)
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