Perú Azul
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recorriendo el amazonas con gabriel


" Navegando por la vida en el río Ucayali "

Supongo que todo viaje es una búsqueda y esta en particular comenzó el 26 de julio, en el año '98, con 300 soles en el bolsillo.

Por esos días parecía que todas las fuerzas de la naturaleza jugaban en contra mía. Hasta que me canse, me canse de estar todo el tiempo quejándome de mi suerte, de lo estúpido que resultaba estar en la universidad y no encontrarle el sentido a nada. La víspera del 26 arregle mi mochila, junte el dinero que tenía y me fui.

Subí a un ómnibus en la carretera central que me llevó hasta La Oroya y una vez allí me pare en el desvío hacia Tarma a tirar dedo. Me jalaron a Tarma y allí tome otro bus a Huánuco y dormí en un hostal de 6 soles la noche.

La noche siguiente ya estaba en Pucallpa. Por la mañana camine hasta Pucallpillo, el puerto, mi desayuno fue un plato de tallarines y medio plátano verde cocido.

   
"La poderosa motonave Cantuta", así la llamaban por los altavoces, salía recién al día siguiente, no me había dado cuenta que era 28 de Julio.

En la selva se respira vida hasta por los poros, puedes verla en todas partes y sentirla detrás de cada cosa; y la motonave Cantuta no era la excepción. Había 3 baños para 200 personas, sin contar gallinas y chivos que los Israelitas del Nuevo Pacto Universal transportaban hacia la frontera con Colombia y Brasil. Todos colgaban sus hamacas o arreglaban sus bártulos mientras esperaban que zarpara la embarcación.

Por la tarde no lo soporte mas, había pagado 50 soles por 6 dias de navegación, incluidas 3 comidas diarias, pero eso era el colmo. Me había quedado dormido en la hamaca, y cuando desperté dos personas habían colgado las suyas por encima de la mía, los Israelitas rezaban y las gallinas y los chivos pululaban entre las cosas, todo dentro de un cuarto de metal en el que hacia un calor infernal y en el que se mezclaban los humos del motor y los olores de la cocina y los baños.

Subí a la cubierta superior; donde estaban la garita del timonel y los camarotes de la tripulación, pude conseguirme un colchón que coloqué sobre cubierta y encima del cual pase las 5 noches hasta Iquitos, felizmente nunca llovió.

En una carpa, también sobre la cubierta superior viajaba Wolf Bilz. Lo conocí mientras jugaba a los naipes sobre el suelo con otro alemán y un inglés, tomando unas cervezas y protegidos por un pedazo de plástico que hacia las veces de sombrilla. Aquel hombre era increíble, viajaba sin un sol en el bolsillo pero tenía que tomarse por lo menos una cerveza al día.

Creo que fue en San Cristóbal, un pequeño caserío a orillas del Ucayali, donde se rompió la rueda del timón de la motonave. Durante los meses de julio, agosto y setiembre los ríos de la selva llevan menos agua y siempre puedes ver a dos o tres tripulantes en un deslizador tanteando la profundidad del río con una vara, buscando "el canal" (la zona mas profunda y donde la corriente es mas fuerte) del río. Habíamos salido hacia dos horas de Contamana, uno de los pueblos mas importantes de la ribera del Ucayali, cuando la quilla choco contra el lecho del río, el timón giro violentamente y la rueda termino por romperse. Estuvimos allí como 8 horas mientras traían un soldador de Contamana y reparaban la rueda.

Wolf y yo aprovechamos para conocer el lugar. Estaba muy oscuro pero felizmente había muchas estrellas y luciérnagas. Cuando llegamos entramos inmediatamente a una de las casas a manera de palafitos, pues la nube de tábanos y moscos que nos seguía era insufrible. Adentro habían 6 ó 7 "Sangamas", así se apellidaba la mitad del pueblito, nos hicimos amigos de ellos casi al instante, supongo que la cerveza y el aguardiente ayudaron mucho.
   

Fue allí que aprendí lo que sé acerca de este hombre. Wolf tenía 68 años y una barba blanca que le llegaba hasta la barriga. Fue psiquiatra mientras vivió en Alemania y en sus vacaciones se ofrecía como medico voluntario en cualquier conmoción o interdicto, Africa, Yugoslavia, el Medio Oriente, en fin. Al jubilarse fue a vivir a Chile, donde invirtió los ahorros de toda su vida con los indios Mapuches, perdió todo su dinero pero sólo después de eso sus proyectos con los Yaguas, Nomatsiguengas y Mapuches, funcionaron.

La motonave Cantuta llegó a Iquitos por la tarde del sexto día y a Wolf nunca mas lo volví a ver.

Wolf, ese viejo lobo de río, me enseñó que aquello que buscaba se encontraba mucho mas cerca de lo que creía y no tuve mas remedio que reírme de mi mismo.

Es cierto, la libertad tiene un precio, pero todas las fortunas, cada momento de angustia o de encierro son poca cosa cuando una mañana te encuentras a ti mismo tomando un café, viendo el fluir del río Ucayali durante el amanecer, apoyado sobre una de las barandas de la cubierta superior de la motonave Cantuta y puedes decir, que suerte tengo de estar vivo.

Gabriel Arriarán
gabrielarriaran@yahoo.com